sábado, abril 21, 2012

Mi editor ha autorizado compartir un adelanto de mi novela "Caban. El reclamo de los dioses". Muy pronto a la venta.

"Afuera el sol escurría lento por techos y calles, su calor había comenzado a devorar tierras cercanas y se anunciaban nuevos incendios en otros poblados.
     El calendario dejaba pasar uno a uno los días de abril y el temor que experimentaba don Lacho no era gratuito. Abril era nombrado en el calendario maya como Mac y significaba cerrar o cubrir. Se le identificaba con Ik, el aliento dador de vida al espíritu.
     Don Lacho había permanecido muy cerca de don Gerardo, había escuchado con atención la historia y sabía lo que debía consumarse a partir de la muerte del Sumo Sacerdote. Sabía que en abril, después de que el traidor derramara sangre inocente, Don Goyo envolvería con ceniza a Nixmal y anunciaría su llegada marcando los pastizales de negro.
El fuego devoraría los cuatro puntos cardinales, para eso Ik (que en la mitología náhuatl corresponde a Ehecatl, el viento) ayudaría a las llamas a correr rápidamente por bosques y estepas, con su aliento arrojaría los cuerpos al fuego de la purificación.
    No había duda, el regreso de los dioses había dado inicio. El fuego, el calentamiento de la tierra y la próxima erupción del Tata lo confirmaban. La gente de Nixmal se debía preparar para el mes del renacimiento, un renacimiento que, tal vez, no alcanzarían a contemplar en su plenitud".



Sonia Silva-Rosas. Caban. El reclamo de los dioses. Morbo Ediciones. México. 2012. (DR)

Adele - Rumour Has It

lunes, abril 16, 2012




Elevan alerta de Tata Goyo a amarillo fase tres... Por increíble que parezca, hablo de esto en mi novela Caban. El reclamo de los dioses, publicada por Ediciones Morbo. A la venta a partir del 30 de abril. ¡Espérenla... mientras yo me sigo emocionando!

sábado, abril 14, 2012

Plegaria

Para Dolores Castro

Dolor,
cinco letras que saben a café
cinco letras que se van con el tabaco.

En el dolor de la tarde nos perdemos
en el dolor de Cristo nos refugiamos.

Hijo del dolor, el hombre,
lo disfruta, en sus fonemas se deleita,
pues con dolor llega a este mundo
y se marcha con él a tierras lejanas,
siempre con su sentir a cuestas,

y en el costado izquierdo de Dios se reconstruye,
como los días y las noches
- y de nuevo los días –
porque en ese costado se gestan
los abandonados, suicidas y locos;
esos que no soportaron la carga del fonema,
esos poetas,
náufragos del dolor en el bajel vespertino que anuncia
la fingida muerte de los días.

Dolor:
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suplicamos,
gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.


**Del libro "Cuarto Menguante". Editorial La Regia Cartonera. Monterrey, Nuevo León, México. 2011.

martes, septiembre 13, 2011

De Auditorio Nacional a Quevedo

--- ¡Estoy hasta la madre de tanta carencia!
--- No dirás ahora que no te lo advertí. Tú fuiste la que decidió llegar a este departamento, algo me decía que nos iría muy mal...
--- ¡Ay, ya cállate! Pensé que como ésta era nueva, pues...
--- ¿Cómo fuiste a creer eso si la pobre la hace de escritora? y, ésos, la verdad no ganan lo suficiente, ya lo estás viendo. No cabe duda, eres una ilusa.
--- ¡Qué te calles, te digo!
--- ¿No dejó nada en esas cazuelas?
--- Naditita... la muy envidiosa...
--- Todo se lo comió, claro, ya si no.
--- Y todavía nos amenaza... egoísta.
--- Sonó muy molesta...
--- Claro, solamente a ti se te ocurre salir a recibirla.
--- ¡Ay, pues quería ver si traía algo de comer!
--- ¿Y traía algo?
--- Sólo un litro de leche y... creo que un pan...
--- ¡Ay, no! ¡Juro que jamás le haré a la literata!
--- Pero si ni sabes leer...
--- Pero mira, qué necia eres ¡Cállate!
--- Bueno, yo decía...
--- ¿Y ahora qué vamos a hacer?
--- Pues la neta, no sé. Esta quincena también va a estar cabrón comer algo, con eso de que llegó un cuentón de teléfono...
--- Solamente a ella se le ocurre hablar como loca a Monterrey.
--- ¡Cómo eres! Allá está su changuito...
--- ¿Su qué?
--- Su changuito, su novio... su puchus como ella le dice.
--- ¡Aparte de envidiosa, cursi la muy desgraciada!
--- Bueno, bueno, ya ¿qué vamos a hacer? ¿Nos cambiamos de depa?
--- ¿Y darle gusto a esta canija? ¡Ni madres! Aquí nos quedamos...
--- Pero Camelia, nos moriremos de hambre.
--- Ya veremos cómo le hacemos, algo traerá de comer una de estas noches...
--- Hasta crees, ya está acostumbrada a no comer...
--- Ja ja ja
--- ¿De qué te ríes, Camelia?
--- Bueno, si no la hace como escritora, ya la veremos en el metro haciéndola de faquir...
--- ¡Cómo eres! Si se ve que es buena gente...
--- ¡Es una envidiosa! Mira que no compartir el sustento... no tiene perdón de Dios...
--- Mira Camelia, la vecina del tres es cantante y le va mejor, vámonos para allá, aquí nos moriremos...
--- ¿Escuchaste eso?
--- ¿Qué?
--- ¡Shit!, escucha...
--- Ay, no.
--- ¡En la madre, es ella! ¡Corre, corre!
--- Pero Camelia, no me has respondido...
--- Pinche Adela, córrele que ahora sí nos mata.
--- ¡Te digo que nos cambiemos al tres! Aquí si no morimos de hambre, morirémos aplastadas o asfixiadas...
--- ¿Asfixiadas?
--- Sí, por lo del “flit”...
--- Ja ja ja, si esta pobre no tiene para comer, menos tendrá para comprar flit... Anda, deja de hablar y corre, ya la veo en la sala...
--- Ya prendió la luz, ¿ves algo de comer?
--- ¡Ni madres, Adela! Ahora ni el litro de leche...
--- ¡Corre, corre! Ya nos vio...
--- ¿Por dónde nos vamos?
--- Por la estufa, Camelia, por la estufa. Ya ves que cada que nos metemos por ahí, sólo se queda amenazando y con el periódico en la mano...
--- ¡Pues córrele!
--- ¿Nos cambiaremos al tres?
--- ¡Y dale! Ya veremos mañana, subiré a echar un vistazo...
--- Ojalá te decidas pronto, porque si no, me iré yo sola...
--- ¡Ay, ya cállate! ¡Estoy hasta la madre de ti y de tanta carencia!

*** Del libro Cuentos del vagón de próxima publicación.

jueves, agosto 04, 2011

De Cuauhtémoc a Tacubaya

Respira hondo, profundo. Por unos instantes observa la hoja en blanco que le arroja la pantalla. Un cigarro recién encendido en la mano y los pensamientos cercenando cada una de sus neuronas. Diez de la noche. A su lado, él, ensimismado en sus vacíos, asomado a una de sus ventanas, intenta encontrar eso que perdió hace ya varios años. Pero nada. Tan fuerte es la costumbre que orilla a la rutina en lugar de enfrentar el dolor de una separación.
Y de la rutina y la costumbre se salta a los silencios prolongados, a conformarse a tener como confidente y amiga a la pantalla de una computadora. Se puede estar con él pero no en realidad, es decir, de un momento a otro ella se transforma en una integrante más de su messenger y, cuando necesita hablar con él, ella tiene la obligación de enviar zumbidos para que le preste atención. Sin embargo, en este momento ya ni los zumbidos sirven de algo. Es el silencio la única respuesta, el silencio y una especie de abandono permitido que poco a poco le mina el cerebro y le endurece el corazón.
Esta es una de las consecuencias del avance de la tecnología. Se puede estar en compañía de alguien, pero no, es decir (de nuevo la maldita suposición) uno se sigue sintiendo tan solo, tan vacío. Es preferible hablar con personas que ni siquiera se conoce a través del messenger y del chat, es preferible ver cómo una vieja se encuera por cam que desnudar tiernamente a la que se tiene ahí, justo a un lado. Es preferible observar cómo una pareja coge en páginas porno que hacer el amor en casa. Es preferible masturbarse y con ello sentirse realizado. Son preferibles muchas, muchas cosas menos el confirmar que no se está solo. Al ser humano le ha dado por alejarse de lo que tiene al alcance de la mano. Es una especie de masoquista inconforme que se muestra como mártir cuando es él quien atormenta y nada le parece justo, nada le tiene contento, nada le convence, nada lo satisface.
22:23… el cigarro se ha terminado. Su computadora avisa que más chavas quieren hablar con él, ella se resigna ¿Tiene otra alternativa acaso? ¿Existe otro camino? Tal vez. Sabe que la resignación es sinónimo de conformismo. Lanza un zumbido, él contesta a través del messenger, ella le pide su copa de vino que está justo en su mesa de trabajo, él se la entrega y retorna a su pantalla llena de conversaciones. Ella, con la vista aún en la hoja en blanco de su pantalla, lanza el humo de otro cigarro.
Un último zumbido. Él sólo levanta la ceja y niega toda respuesta con la cabeza.